Cómo se clasifican las interacciones farmacológicas
Existen diversos tipos de interacciones farmacológicas.
Aunque en la farmacia tenemos herramientas como BOT PLUS para detectarlas, es crucial conocerlas para manejarlas más fácilmente y asesorar mejor al paciente.
Repasemos rápido el concepto.
Una interacción farmacológica es la alteración cuantitativa o cualitativa en los efectos de un fármaco por la presencia de otro fármaco, un alimento, una planta medicinal o un complemento alimenticio1,2.
No siempre son indeseadas. Ocurre que en ocasiones son beneficiosas y se aprovechan con un determinado objetivo terapéutico. Por ejemplo, cuando se asocia ARA + β-bloqueante en la hipertensión arterial1.
Pero muchas veces sí son perjudiciales y se consideran por ello un problema relacionado con los medicamentos (PRM)2.
Son causa importante de resultados negativos asociados a la medicación (RNM). Pueden reducir la efectividad farmacoterapéutica, aumentar su toxicidad o inseguridad o provocar efectos inesperados2.
Se clasifican de varias formas:
- Según su mecanismo: farmacocinéticas, farmacodinámicas y farmacéuticas.
- Según sus componentes: se habla principalmente de fármaco-fármaco, medicamento-alimento y alimento-medicamento.
- Según su relevancia clínica, que viene determinada por la probabilidad, la evidencia y la gravedad del efecto que genera en el paciente.
Vamos viendo cada una.
(Este artículo pretende ser un resumen práctico, por lo que no entraremos muy en detalle. Te dejamos bibliografía al final si quieres profundizar).
Tipos de interacciones farmacológicas según su mecanismo
Interacciones farmacocinéticas
Hay 3 tipos de interacciones farmacológicas según su mecanismo.
Por un lado, las interacciones farmacocinéticas. El fármaco A (A) altera la absorción, distribución, metabolismo o eliminación del fármaco B (B). Esto hace que haya más o menos presencia del fármaco B en el órgano efector, modificándose su efecto1,3.
4 mecanismos:
- Absorción. A provoca que B se absorba más rápido o lento y/o en mayor o menor cantidad. Suele ser por cambios en el pH, motilidad o metabolismo gastrointestinal o por la formación de complejos insolubles1.
- Distribución. A provoca que se distribuya más o menos B a su lugar de acción. Por desplazamiento de la unión a proteínas plasmáticas, por cambios en el pH sanguíneo o por dificultar su entrada o salida en ciertos tejidos o células1.
- Metabolismo. A induce o inhibe enzimas que metabolizan B o su profármaco, reduciendo su efectividad o aumentando su posible toxicidad según el caso. Con frecuencia se da en el sistema de oxidasas de CYP4501,3.
- Eliminación. A provoca que se excrete más o menos B a nivel renal, biliar o intestinal. Suele ser sobre todo por modificaciones en los procesos de secreción o reabsorción tubular del riñón1,3.
Un ejemplo de cada:
- Antiácidos que contienen calcio, aluminio y magnesio reducen la absorción gastrointestinal de las sales de hierro3.
- AINEs pueden desplazar a los antagonistas de la vitamina K de su unión a proteínas plasmáticas. Incrementan su fracción libre y por tanto se potencia su actividad anticoagulante3.
- Macrólidos (inhibidores de CYP3A4) pueden aumentar los niveles plasmáticos de estatinas (sustratos de CYP3A4) => mayor riesgo de miopatía3,4.
- AINEs pueden disminuir la excreción de aminoglucósidos => riesgo de nefrotoxicidad en ancianos1.
Las interacciones farmacocinéticas por alteraciones en el metabolismo suelen ser las que tienen más repercusión clínica1.
Interacciones farmacodinámicas
Por otra parte, están las interacciones farmacodinámicas. El fármaco A (A) influye en el efecto del fármaco B (B) sobre el órgano donde actúa1. Son relativamente más fáciles de prever que las farmacocinéticas, aunque más difíciles de clasificar3.
Pueden ocurrir a varios niveles: en los receptores farmacológicos, en los procesos moleculares que siguen a la activación de estos receptores y en sistemas fisiológicos distintos que se contrarrestan o contraponen entre sí1.
Dan origen a fenómenos de5:
- Adición o sinergia. El efecto combinado de A + B es igual (adición) o superior (sinergia) a la suma de sus efectos individuales.
- Antagonismo. El efecto de A interfiere con el de B, reduciendo su efectividad. Lo inactiva, compite en la unión al receptor o actúa de forma opuesta sobre la misma función fisiológica.
Ejemplo de adición: heparina y derivados + antiagregantes plaquetarios => se incrementa el riesgo de hemorragia por efecto aditivo anticoagulante4.
Ejemplo de sinergia: los antidepresivos tricíclicos potencian la toxicidad de los IMAO por un posible aumento sinérgico de los niveles de monoaminas en el sistema nervioso central (SNC) => riesgo de síndrome serotoninérgico4.
Ejemplo de antagonismo: ortopramidas + anticolinérgicos sistémicos => tienen efectos farmacológicos antagónicos en la motilidad del tracto gastrointestinal4.
Ten en cuenta que en una misma interacción pueden darse a la vez mecanismos farmacodinámicos y farmacocinéticos. No son excluyentes entre sí4.
Interacciones farmacéuticas
Por último, las interacciones farmacéuticas. Son incompatibilidades fisicoquímicas que impiden mezclar dos o más fármacos en una misma solución. Suelen producirse fuera del organismo, aunque también podrían ocurrir en el tubo digestivo1.
Es crucial considerarlas sobre todo si realizas formulación magistral.

Las personas mayores polimedicadas son muy susceptibles de sufrir interacciones farmacológicas. Desde la farmacia puedes contribuir a su detección y prevención
Otras formas de clasificar las interacciones farmacológicas
Según sus componentes
Suele hablarse de 3 tipos de interacciones farmacológicas según qué reaccione:
- Fármaco-fármaco: entre dos o más medicamentos. Puede ser unidireccional (fármaco A modifica la acción del B, pero B no modifica la del A) o bidireccional (ambos modifican sus acciones entre sí)1.
- Medicamento-alimento. El fármaco altera la absorción, metabolismo o eliminación de los nutrientes, afectando al estado nutricional6,7. Ejemplo: IECA favorecen la retención de potasio => riesgo de hiperpotasemia con dietas ricas en potasio8.
- Alimento-medicamento. Un alimento o sus componentes pueden modificar la farmacocinética o farmacodinámica del fármaco6,7. Ejemplo: productos con calcio pueden interferir en la absorción de bifosfonatos, reduciendo su efectividad4,6.
También existen interacciones con:
- Plantas medicinales. Ejemplo: preparaciones con ajo pueden aumentar el tiempo de sangrado en pacientes tratados con anticoagulantes orales9.
- Alcohol. Ejemplo: potencia el efecto depresor del SNC de antidepresivos, ansiolíticos y analgésicos opioides6.
- Tabaco. Es un inductor potente de CYP1A2, aumentando el metabolismo de los fármacos que son sustrato. Reduce sus niveles en sangre y puede obligar a incrementar su dosis. Pasa por ejemplo con algunos antipsicóticos4.
Según su relevancia clínica
No todas las interacciones farmacológicas son igual de peligrosas.
Por un lado, depende de la severidad o gravedad del efecto que generan. Aunque son dos criterios distintos (severidad se refiere a intensidad y gravedad al desenlace), se suelen usar conjuntamente para clasificarlas en3:
- Graves. Aquellas que pueden provocar la muerte del paciente, un riesgo para su vida, su hospitalización, una incapacidad significativa o cualquier evento clínicamente importante. También las que inducen defectos congénitos.
- Moderadas. No ocasionan lo anterior, pero sí empeoran la situación del paciente. Alargan su hospitalización y/u obligan a añadir, retirar o cambiar algún fármaco.
- Leves. No causan daño al paciente, por lo que no prolongan su hospitalización ni es necesario modificar su farmacoterapia.
- No determinado. Se desconoce su gravedad o consecuencias.
También se considera la probabilidad y evidencia de la interacción. Se distinguen 3 tipos según se haya referenciado en más o menos casos clínicos y ensayos: bien documentada, documentada (aparece en ficha técnica) y escasamente documentada3.
Estos 3 parámetros (gravedad, probabilidad y evidencia) marcan la relevancia clínica de la interacción. Aparte afectan otros factores: fármacos de estrecho margen terapéutico, edad del paciente, aspectos fisiopatológicos, polimorfismos genéticos, etc3.
A partir de esto se establece el nivel de riesgo y recomendaciones concretas en cada caso: evitar asociación, monitorizar, ajustar posología, etc. Depende3.
Al final es una cuestión de beneficio/riesgo.
Manejo de las interacciones farmacológicas en la farmacia
Lo que decíamos en la entradilla del artículo.
Cada día vienen personas a la farmacia que sin saberlo podrían sufrir o estar sufriendo una interacción farmacológica. Es un PRM muy prevalente que en muchas ocasiones pasa desapercibido aunque pueda incluso amenazar la vida10,11.
Por nuestra cercanía y accesibilidad, los farmacéuticos comunitarios estamos en una posición idónea para identificarlo y prevenir o resolver RNM.
Procedimiento general
Vamos por partes.
Nos basamos en la guía de SPFA del Consejo General de Colegios Farmacéuticos12 y en la metodología de diferentes estudios10,11.
En primer lugar, puedes detectar interacciones en varios servicios farmacéuticos. De manera oportunista en el mostrador, al entrevistar a los usuarios sobre su farmacoterapia o revisando medicaciones. Cualquier momento es bueno.
Vigila a los pacientes polimedicados crónicos. A más fármacos prescritos, más posibilidad de interacción. Sospecha si refieren molestias, no tienen bien controlada su enfermedad o les han cambiado algo en su tratamiento. Nunca bajes la guardia.
Hay circunstancias que aumentan aún más el riesgo. Por ejemplo:
- Automedicación o mala adherencia terapéutica.
- Toma de medicamentos, complementos o alimentos que suelen interaccionar.
- Limitaciones físicas, mentales o cognitivas que favorecen errores.
- Varios médicos a cargo o tránsito entre niveles asistenciales.
- Fármacos de estrecho margen terapéutico.
- Tabaquismo o ingesta habitual de alcohol.
- Presencia de patología renal o hepática.
Ante una potencial interacción, evalúa su tipo y relevancia clínica. Si crees que está siendo causa de una reacción adversa, puedes determinar la probabilidad de que así sea con el algoritmo de Naranjo o la escala de Horn.
Apóyate en bases de datos: BOT PLUS, Drug Interaction Checker, Medinteract, etc. Revisa también fichas técnicas, guías clínicas y estudios científicos.
Si es clínicamente relevante, analiza cómo podría resolverse. ¿Eliminando o cambiando algún medicamento por una alternativa más segura? ¿Ajustando la posología? ¿Separando las tomas? ¿Modificando hábitos dietéticos?
Realiza la intervención que corresponda. Derivar al médico proponiendo no asociar los fármacos, indicar la retirada de un producto OTC, recordar el horario de tomas, etc.
Importante: notifica a farmacovigilancia. Una interacción se considera una situación especial. Aunque no ocasione una reacción adversa, debe notificarse.
Y monitoriza al paciente. Prácticamente siempre es recomendable hacerlo. Pregúntale en cada visita o sugiere hacer seguimiento farmacoterapéutico.
Consejos prácticos y cursos de formación continua
Unas últimas recomendaciones:
- Usa los criterios STOPP/START. Son como una checklist para revisar tratamientos crónicos e identificar medicamentos potencialmente inapropiados.
- Protocoliza según el tipo de interacción farmacológica. Detección, evaluación, medidas a tomar en función de su relevancia clínica, etc.
- Memoriza las más comunes y peligrosas. Así podrás reconocerlas rápidamente y actuar cuanto antes.
- Recuerda que uno ve lo que sabe. Cuanto mejor conozcas los productos que dispensas, mejor abordarás sus posibles interacciones.
Respecto a esto último.
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Bibliografía
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- Erickson MA, Penning TM. Toxicidad de fármacos y envenenamiento. En: Brunton LL. Goodman & Gilman Las bases farmacológicas de la terapéutica 13ed. México: McGraw-Hill Interamericana; 2019. p. 55-64.
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